domingo, 18 de octubre de 2015

El tiempo vertical en el cine de Tarkovsky por Natalí Aranda



Hay momentos de la existencia en que el tiempo
y la extensión son más profundos y el sentimiento 
de la existencia parece inmensamente aumentado".

Charles Baudelaire



Cada plano, cada imagen posee su ritmo propio, un ritmo que por naturaleza le pertenece. Cuando soñamos, cuando recordamos, cuando vivimos nuestra cotidianidad, podemos observar las diferentes dinámicas del tiempo, los diferentes ritmos de la existencia. Tarkovsky en su libro dice al respecto “¿En qué reside la naturaleza de un arte fílmico propio de un autor? En cierto sentido, se podría decir, que es esculpir en el tiempo.” Como el escultor que ve en el mármol la figura futura, el cineasta esculpe en el tiempo para arrancar de él una figura de la vida. Este tiempo que sucede, se sitúa y al situarse se vuelve profundo, como una línea vertical que atraviesa la tierra o quiebra el pacífico estar del cielo. El recuerdo, material de la memoria, es siempre un estar en el tiempo de manera situada, como si fuese un fenómeno espacial más que temporal. La memoria fija al tiempo y lo recorre, camina a través de él, lo penetra, lo desmenuza, cambia de lugar los elementos, lo padece en toda su dimensión. El espejo del cineasta ruso, es la fijación de la memoria, del tiempo de la infancia, memoria siempre ligada a la ensoñación. Ninguna memoria es tal como ha sucedido ¿Y eso tiene relevancia? La ensoñación es lo único transversal a toda memoria y lo único importante. Es un estado de reposo, por el cual la conciencia descansa de su estado de alerta hacia el mundo y se introduce en sí misma, en sus configuraciones más íntimas. El espejo viene a ser el testimonio de todo esto, de una infancia que dura toda la vida. Pero no en la linealidad de la vida, no en su horizontalidad, sino en su verticalidad. La infancia entra en el acontecer porque su carácter es vertical. Cualquier tiempo que se demore en sí mismo, que se demore en la espacialidad que lo acompaña, es un tiempo vertical. “Con edad de siempre/sin edad feliz” Dice Gabriela Mistral por medio de una imagen que tiene tal desnudez que es capaz de aproximarnos a su origen. La infancia es la edad de siempre, pero llega un momento en que ella se esconde, es cuando damos el salto a la horizontalidad del tiempo, a la adultez, donde los días se acortan y los años son nada; ya no hay tiempo para la ensoñación, ni el juego, ni el descanso sin culpa. El tiempo lineal es el tiempo del trabajo, de la responsabilidad, de la conciencia lanzada a sus obligaciones, es el tiempo de la muerte. Ser adulto es darse cuenta que es poco el tiempo que tenemos para hacer todo lo que deseamos, porque nuestra voluntad es más grande que el tiempo horizontal, nuestra voluntad es compañera del juego, del hacer, del crear; nuestra voluntad es parte de la edad de siempre y por tanto del tiempo vertical. (Fragmento, "El tiempo vertical en el cine de Tarkovski"  Natalí Aranda)



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