Hay
momentos de la existencia en que el tiempo
y la extensión son más profundos y el sentimiento
de la existencia parece inmensamente aumentado".
Charles Baudelaire
y la extensión son más profundos y el sentimiento
de la existencia parece inmensamente aumentado".
Charles Baudelaire
Este
ensayo no espera ser una interpretación del cine de Tarkovsky, sino
más bien convertirse en un relato estético y vital sobre el
encuentro con la obra del cineasta ruso. Pienso, dentro de este
contexto, que Susan Sontag no está en un error cuando dice: “En
lugar de una hermenéutica, necesitamos una erótica del arte” Es así que este trabajo no estará centrado en el contenido de sus
películas, ya que aquello tiene relación con un proceso
interpretativo y por tanto de revestimiento de capas y capas de
discursos a algo que necesita ser desnudado. El contenido solo vendrá
en ayuda cuando la construcción del relato así lo requiera,
mientras tanto y a lo largo de todo el ensayo lo central será un
aspecto netamente formal: el tiempo. ¿De qué tiempo hablo? Parece
que incluso él, como aspecto formal, cae en la ambigüedad. ¿No
será también una interpretación nombrar las características que
tendrá el tiempo dentro de este escrito? Claro que sí, pero más
allá de toda caracterización sujeta a interpretación que se de
sobre aquel concepto, sigue siendo un aspecto formal, porque es en él
donde se construyen los espacios de la vida. Un tejido
espacio-temporal que contiene a la existencia y por tanto le da
forma. Como el agua, cuando está en un vaso o en un lago, toma la
forma de su objeto. La naturaleza del agua es desbordarse, por eso
ríos, vasos, copas, mares para contenerla, también la vida tiene
esa tendencia, el tejido espacio y tiempo la mantiene en su lugar,
porque si no fuese de esta manera ¿Hacia dónde correría? Pero a su
vez este tejido se modifica con el movimiento de la vida, ambos están
conectados, porque tiempo y espacio no serán observados como
intuiciones puras, sino como elementos que están dentro del
entramado de la existencia.
Ahora
bien, la concepción de tiempo que será manejada en este ensayo es
lo que Gaston Bachelard denomina el tiempo vertical. A continuación
la tesis principal de este trabajo.
En
el cine de Tarkovsky se da una experiencia distinta del tiempo, hay
un quiebre de la horizontalidad, cada plano nos hace bajar o, en un
efecto contrario, elevarnos. “El tiempo no corre, brota”Nos dice Bachelard, hablando de la imagen poética, pero creo que
esto puede ser completamente extrapolado a una obra fundamental del
cineasta ruso El
espejo.
Y puede ser extrapolado porque lo poético no solo surge en el poema
o se encuentra encerrado en él, sino que lo poético se mueve dentro
del dominio de la experiencia, el fenómeno poético es una
experiencia vital y por tanto puede vivirse en el cine, en una
pintura, etc. Por otra parte para Tarkovsky el cine que trasciende
finalmente es aquel realizado por poetas “Creo que solo los poetas
pervivirán en la historia del cine” La poesía trabaja con la imagen, ya sea a través de la palabra o a
través de la imagen captada por un dispositivo tecnológico. Es así
como algunas obras cinematográficas pueden ser catalogadas de poemas
y por tanto fomar parte de la siguiente característica que propone
Bachelard: “En todo poema verdadero se pueden encontrar elementos
de un tiempo detenido, de un tiempo que no sigue el compás, de un
tiempo al que llamaremos vertical para distinguirlo de un tiempo
común.” ¿Poema verdadero? ¿Tiempo detenido? ¿Tiempo común? Preguntar por
los componentes de aquella premisa es inevitable. ¿Qué es, en
primer lugar, un poema verdadero y cómo se relaciona con un tiempo
detenido? “Poema verdadero” es un concepto que inmediatamente
suscita en nosotros, o por lo menos en mí, connotaciones metafísicas
y por lo mismo, por su aroma a trascendencia, muchos querrán
alejarse de aquella combinación de palabras, ya sea a través de la
crítica o con un rotundo rechazo a pensar algo así como posible,
pero volveré a lo anterior, pensemos en aquellas palabras no solo a
nivel intelectual, sino a nivel experiencial. Todos a lo largo de
nuestra vida hemos estado en contacto con algún poema-imagen que nos
ha conmovido hasta la raíz más profunda de nuestro ser. Tal vez un
poema verdadero no pueda ser dicho en una proposición, sino que solo
puede ser mostrado a través del temblor de las facultades humanas
que se unen en la comprensión y en la emoción. La poesía es un
acto vital, los intentos por clasificarla, son intentos de nuestra
razón especulativa por detener el flujo mismo del poema, definirla
es darle horizontalidad a algo que por naturaleza es vertical. Un
buen poema no describe; manifiesta, es la forma que tiene la epifanía
de hacerse presente. Y una epifanía no es lineal, paso por paso, no
se mueve dentro de la causalidad, sino que es instantánea. El poema
verdadero es aquel que desnuda un momento, un cuerpo, una conciencia.
No es algo que transcurra en el tiempo, sino que se vuelve tiempo y
se detiene, pasa a ser la forma que contiene en sí lo temporal.
Aquel tejido espacio-temporal se vuelve poema. Nada hay fuera de él,
es inicio y final, instante que nunca pasa. ¿Puede caer el cine de
Tarkovsky, más específicamente El
espejo,
dentro de estas palabras? ¿Por qué se puede hablar de un tiempo
vertical en aquella obra? Porque cada plano aumenta la profundidad
del tiempo, parafraseando la cita de Baudelaire que se encuentra al
inicio. Esculpir en el tiempo es la propuesta del cineasta ruso,
esculpir en él como si fuese la materia prima de toda imagen. Porque
el tiempo contiene a la vida y el cine, cuando quiere acercarse a la
vida, debe tomar esta manera de hacer las cosas, tomar el tiempo como
elemento central. “El cine surge de la observación inmediata de la
vida. Éste es para mí el camino cierto de la poesía fílmica. Pues
la imagen fílmica es en esencia la observación de un fenómeno
inserto en el tiempo.” El cine como consecuencia de la observación inmediata de la
existencia, fenomenología de la vida, del acontecer. El cine como un
lenguaje que coloca de manifiesto la mirada directa, inmediata,
fenomenológica, y por tanto de un tiempo situado, enfrentado al
acontecimiento. “La idea fundamental del cine como arte es el
tiempo recogido en sus formas y fenómenos fácticos.” Mezclado a la materialidad, unido a su espacialidad, el tiempo
también es parte de la res extensa cartesiana. Es un fenómeno
concreto, incluso la física que ve al tiempo como una variable más,
habla de él como un fenómeno relativo a la masa de los cuerpos, a
la gravedad que generan. Cada plano, cada imagen, cada cuerpo, posee
su ritmo propio, su gravedad, un ritmo que por naturaleza le
pertenece. Cuando soñamos, cuando recordamos, cuando vivimos nuestra
cotidianidad, podemos observar las diferentes dinámicas del tiempo,
los diferentes ritmos de la existencia. Tarkovsky en su libro dice al
respecto “¿En qué reside la naturaleza de un arte fílmico propio
de un autor? En cierto sentido, se podría decir, que es esculpir en
el tiempo.” Como el escultor que ve en el mármol la figura futura, el cineasta
esculpe en el tiempo para arrancar de él una figura de la vida. Este
tiempo que sucede, se sitúa y al situarse se vuelve profundo, como
una línea vertical que atraviesa la tierra o quiebra el pacífico
estar del cielo. El recuerdo, material de la memoria, es siempre un
estar en el tiempo de manera situada, como si su característica
principal fuese ser un fenómeno espacial más que temporal. La
memoria fija al tiempo y lo recorre, camina a través de él, lo
penetra, lo desmenuza, cambia de lugar los elementos, lo padece en
toda su dimensión. El
espejo del
cineasta ruso, es la fijación del tiempo de la infancia, tiempo y
recuerdo ligados a la ensoñación. Ningún recuerdo es tal como ha
sucedido ¿Y eso tiene relevancia? La ensoñación es lo único
transversal a toda memoria y lo único importante. Es un estado de
reposo, por el cual la conciencia descansa de su estado de alerta
hacia el mundo y se introduce en sí misma, en sus configuraciones
más íntimas. El
espejo
viene a ser el testimonio de todo esto, de una infancia que dura toda
la vida. Pero no en la linealidad de la vida, no en su
horizontalidad, sino en su verticalidad. La infancia entra en el
acontecer porque su carácter es vertical. Cualquier tiempo que se
demore en sí mismo, que se demore en la espacialidad que lo
acompaña, es un tiempo vertical. “Con edad de siempre/sin edad
feliz” Dice Gabriela Mistral por medio de una imagen que tiene tal desnudez
que es capaz de aproximarnos a su origen. La infancia es la edad de
siempre, pero llega un momento en que ella se esconde, es cuando
damos el salto a la horizontalidad del tiempo, a la adultez, donde
los días se acortan y los años son nada; ya no hay tiempo para la
ensoñación, ni el juego, ni el descanso sin culpa. El tiempo lineal
es el tiempo del trabajo, de la responsabilidad, de la conciencia
lanzada a sus obligaciones, es el tiempo de la muerte. Ser adulto es
darse cuenta que es poco el tiempo que tenemos para hacer todo lo que
deseamos, porque nuestra voluntad es más grande que el tiempo
horizontal, nuestra voluntad es compañera del juego, del hacer, del
crear; nuestra voluntad es parte de la edad de siempre y por tanto
del tiempo vertical. La voluntad creadora es la voluntad que reside
más allá de toda obligación a actuar que le venga como un mandato
del tiempo finito.
Para
Tarkovsky, en una imagen cinematográfica debe habitar el tiempo,
tener su morada, ser un lugar de distensión y espacialización de lo
temporal. Al respecto, creo importante detenerme en una escena, donde
se manifiesta completamente este habitar del tiempo en la imagen; un
quiebre de la horizontalidad en función de la verticalidad. En el
inicio de la obra El
espejo hay
una escena en donde el viento es el principal protagonista, en
aquella imagen el hombre, que se observa a lo lejos, al ver venir al
viento se detiene, lo espera, respetando de alguna forma aquel
momento, otorgándole toda su solemnidad a ese fenómeno de la
naturaleza. Se convierte en algo sagrado. El tiempo es parte
indisoluble de la imagen porque ella respeta el movimiento de la
vida, al entregarle al viento su ritmo natural. Lo poético se
naturaliza, no existe artificios para buscar suscitarlo en el
espectador. El cineasta debe ser un observador para trasladar ese
fenómeno a la imagen cinematográfica, pero como una continuidad,
sin artificios, porque cuando ellos están presentes es notoria la
dificultad del paso de la vida al arte, como si algo frenara aquella
continuidad, haciendo que el espectador no tenga ninguna experiencia
realmente estética y por tanto sagrada con la obra. Respetar la vida
es respetar su ritmo, no colocar nada que se interponga a ese ritmo
de lo existente. Es en este sentido que sentarse a ver un film de
Tarkovsky es un acto de rebeldía frente al tiempo horizontal, frente
a la obligación de no perder el tiempo. “El pensamiento calculador
corre de una suerte a la siguiente, sin detenerse nunca, ni pararse a
meditar.” Estas palabras son de Heidegger y de su texto Serenidad.
El
pensamiento calculador no tiene preocupación por el sentido de las
cosas, no se detiene a meditar, o no detiene al tiempo, transcurre
como si el tiempo fuese algo absoluto, no como algo que puede ser
espacializado, observado en todas sus dimensiones. El pensamiento
calculador está en función de la finalidad trazada con
anterioridad, jamás se pierde en sus pensamientos, todo se encuentra
delimitado de antemano, el tiempo debe ser bien utilizado para que
todo funcione correctamente. Es finalmente una huida del pensar. Para
el filósofo alemán el ser humano es “el ser pensante, esto es
meditante” Tarkovsky tiene una visión similar del ser humano, como un ser
espiritual. Si esta es nuestra naturaleza, el huir del pensar y de
cualquier experiencia estética que se relacione con el aspecto
sagrado de la existencia, es huir de nosotros mismos, es perdernos en
un mundo inhóspito, en un mundo contrario a nuestra propia
naturaleza. Para ver algún film de Tarkovsky en primer lugar hay que
arrancarse todo ese ruido de una vida contraria a sí misma, todo ese
grito y apuro de un tiempo realmente enfermo. El tiempo vertical es
una vuelta a nuestro origen, todavía no contaminado por el funcionamiento, porque como diría Heidegger “Todo funciona. Esto
es precisamente lo inhóspito.”
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