martes, 10 de noviembre de 2015

El tiempo vertical en el "El espejo" de Tarkovsky



Hay momentos de la existencia en que el tiempo
y la extensión son más profundos y el sentimiento
de la existencia parece inmensamente aumentado".
Charles Baudelaire
Este ensayo no espera ser una interpretación del cine de Tarkovsky, sino más bien convertirse en un relato estético y vital sobre el encuentro con la obra del cineasta ruso. Pienso, dentro de este contexto, que Susan Sontag no está en un error cuando dice: “En lugar de una hermenéutica, necesitamos una erótica del arte” Es así que este trabajo no estará centrado en el contenido de sus películas, ya que aquello tiene relación con un proceso interpretativo y por tanto de revestimiento de capas y capas de discursos a algo que necesita ser desnudado. El contenido solo vendrá en ayuda cuando la construcción del relato así lo requiera, mientras tanto y a lo largo de todo el ensayo lo central será un aspecto netamente formal: el tiempo. ¿De qué tiempo hablo? Parece que incluso él, como aspecto formal, cae en la ambigüedad. ¿No será también una interpretación nombrar las características que tendrá el tiempo dentro de este escrito? Claro que sí, pero más allá de toda caracterización sujeta a interpretación que se de sobre aquel concepto, sigue siendo un aspecto formal, porque es en él donde se construyen los espacios de la vida. Un tejido espacio-temporal que contiene a la existencia y por tanto le da forma. Como el agua, cuando está en un vaso o en un lago, toma la forma de su objeto. La naturaleza del agua es desbordarse, por eso ríos, vasos, copas, mares para contenerla, también la vida tiene esa tendencia, el tejido espacio y tiempo la mantiene en su lugar, porque si no fuese de esta manera ¿Hacia dónde correría? Pero a su vez este tejido se modifica con el movimiento de la vida, ambos están conectados, porque tiempo y espacio no serán observados como intuiciones puras, sino como elementos que están dentro del entramado de la existencia.
Ahora bien, la concepción de tiempo que será manejada en este ensayo es lo que Gaston Bachelard denomina el tiempo vertical. A continuación la tesis principal de este trabajo.
En el cine de Tarkovsky se da una experiencia distinta del tiempo, hay un quiebre de la horizontalidad, cada plano nos hace bajar o, en un efecto contrario, elevarnos. “El tiempo no corre, brota”Nos dice Bachelard, hablando de la imagen poética, pero creo que esto puede ser completamente extrapolado a una obra fundamental del cineasta ruso El espejo. Y puede ser extrapolado porque lo poético no solo surge en el poema o se encuentra encerrado en él, sino que lo poético se mueve dentro del dominio de la experiencia, el fenómeno poético es una experiencia vital y por tanto puede vivirse en el cine, en una pintura, etc. Por otra parte para Tarkovsky el cine que trasciende finalmente es aquel realizado por poetas “Creo que solo los poetas pervivirán en la historia del cine” La poesía trabaja con la imagen, ya sea a través de la palabra o a través de la imagen captada por un dispositivo tecnológico. Es así como algunas obras cinematográficas pueden ser catalogadas de poemas y por tanto fomar parte de la siguiente característica que propone Bachelard: “En todo poema verdadero se pueden encontrar elementos de un tiempo detenido, de un tiempo que no sigue el compás, de un tiempo al que llamaremos vertical para distinguirlo de un tiempo común.” ¿Poema verdadero? ¿Tiempo detenido? ¿Tiempo común? Preguntar por los componentes de aquella premisa es inevitable. ¿Qué es, en primer lugar, un poema verdadero y cómo se relaciona con un tiempo detenido? “Poema verdadero” es un concepto que inmediatamente suscita en nosotros, o por lo menos en mí, connotaciones metafísicas y por lo mismo, por su aroma a trascendencia, muchos querrán alejarse de aquella combinación de palabras, ya sea a través de la crítica o con un rotundo rechazo a pensar algo así como posible, pero volveré a lo anterior, pensemos en aquellas palabras no solo a nivel intelectual, sino a nivel experiencial. Todos a lo largo de nuestra vida hemos estado en contacto con algún poema-imagen que nos ha conmovido hasta la raíz más profunda de nuestro ser. Tal vez un poema verdadero no pueda ser dicho en una proposición, sino que solo puede ser mostrado a través del temblor de las facultades humanas que se unen en la comprensión y en la emoción. La poesía es un acto vital, los intentos por clasificarla, son intentos de nuestra razón especulativa por detener el flujo mismo del poema, definirla es darle horizontalidad a algo que por naturaleza es vertical. Un buen poema no describe; manifiesta, es la forma que tiene la epifanía de hacerse presente. Y una epifanía no es lineal, paso por paso, no se mueve dentro de la causalidad, sino que es instantánea. El poema verdadero es aquel que desnuda un momento, un cuerpo, una conciencia. No es algo que transcurra en el tiempo, sino que se vuelve tiempo y se detiene, pasa a ser la forma que contiene en sí lo temporal. Aquel tejido espacio-temporal se vuelve poema. Nada hay fuera de él, es inicio y final, instante que nunca pasa. ¿Puede caer el cine de Tarkovsky, más específicamente El espejo, dentro de estas palabras? ¿Por qué se puede hablar de un tiempo vertical en aquella obra? Porque cada plano aumenta la profundidad del tiempo, parafraseando la cita de Baudelaire que se encuentra al inicio. Esculpir en el tiempo es la propuesta del cineasta ruso, esculpir en él como si fuese la materia prima de toda imagen. Porque el tiempo contiene a la vida y el cine, cuando quiere acercarse a la vida, debe tomar esta manera de hacer las cosas, tomar el tiempo como elemento central. “El cine surge de la observación inmediata de la vida. Éste es para mí el camino cierto de la poesía fílmica. Pues la imagen fílmica es en esencia la observación de un fenómeno inserto en el tiempo.” El cine como consecuencia de la observación inmediata de la existencia, fenomenología de la vida, del acontecer. El cine como un lenguaje que coloca de manifiesto la mirada directa, inmediata, fenomenológica, y por tanto de un tiempo situado, enfrentado al acontecimiento. “La idea fundamental del cine como arte es el tiempo recogido en sus formas y fenómenos fácticos.” Mezclado a la materialidad, unido a su espacialidad, el tiempo también es parte de la res extensa cartesiana. Es un fenómeno concreto, incluso la física que ve al tiempo como una variable más, habla de él como un fenómeno relativo a la masa de los cuerpos, a la gravedad que generan. Cada plano, cada imagen, cada cuerpo, posee su ritmo propio, su gravedad, un ritmo que por naturaleza le pertenece. Cuando soñamos, cuando recordamos, cuando vivimos nuestra cotidianidad, podemos observar las diferentes dinámicas del tiempo, los diferentes ritmos de la existencia. Tarkovsky en su libro dice al respecto “¿En qué reside la naturaleza de un arte fílmico propio de un autor? En cierto sentido, se podría decir, que es esculpir en el tiempo.” Como el escultor que ve en el mármol la figura futura, el cineasta esculpe en el tiempo para arrancar de él una figura de la vida. Este tiempo que sucede, se sitúa y al situarse se vuelve profundo, como una línea vertical que atraviesa la tierra o quiebra el pacífico estar del cielo. El recuerdo, material de la memoria, es siempre un estar en el tiempo de manera situada, como si su característica principal fuese ser un fenómeno espacial más que temporal. La memoria fija al tiempo y lo recorre, camina a través de él, lo penetra, lo desmenuza, cambia de lugar los elementos, lo padece en toda su dimensión. El espejo del cineasta ruso, es la fijación del tiempo de la infancia, tiempo y recuerdo ligados a la ensoñación. Ningún recuerdo es tal como ha sucedido ¿Y eso tiene relevancia? La ensoñación es lo único transversal a toda memoria y lo único importante. Es un estado de reposo, por el cual la conciencia descansa de su estado de alerta hacia el mundo y se introduce en sí misma, en sus configuraciones más íntimas. El espejo viene a ser el testimonio de todo esto, de una infancia que dura toda la vida. Pero no en la linealidad de la vida, no en su horizontalidad, sino en su verticalidad. La infancia entra en el acontecer porque su carácter es vertical. Cualquier tiempo que se demore en sí mismo, que se demore en la espacialidad que lo acompaña, es un tiempo vertical. “Con edad de siempre/sin edad feliz” Dice Gabriela Mistral por medio de una imagen que tiene tal desnudez que es capaz de aproximarnos a su origen. La infancia es la edad de siempre, pero llega un momento en que ella se esconde, es cuando damos el salto a la horizontalidad del tiempo, a la adultez, donde los días se acortan y los años son nada; ya no hay tiempo para la ensoñación, ni el juego, ni el descanso sin culpa. El tiempo lineal es el tiempo del trabajo, de la responsabilidad, de la conciencia lanzada a sus obligaciones, es el tiempo de la muerte. Ser adulto es darse cuenta que es poco el tiempo que tenemos para hacer todo lo que deseamos, porque nuestra voluntad es más grande que el tiempo horizontal, nuestra voluntad es compañera del juego, del hacer, del crear; nuestra voluntad es parte de la edad de siempre y por tanto del tiempo vertical. La voluntad creadora es la voluntad que reside más allá de toda obligación a actuar que le venga como un mandato del tiempo finito.
Para Tarkovsky, en una imagen cinematográfica debe habitar el tiempo, tener su morada, ser un lugar de distensión y espacialización de lo temporal. Al respecto, creo importante detenerme en una escena, donde se manifiesta completamente este habitar del tiempo en la imagen; un quiebre de la horizontalidad en función de la verticalidad. En el inicio de la obra El espejo hay una escena en donde el viento es el principal protagonista, en aquella imagen el hombre, que se observa a lo lejos, al ver venir al viento se detiene, lo espera, respetando de alguna forma aquel momento, otorgándole toda su solemnidad a ese fenómeno de la naturaleza. Se convierte en algo sagrado. El tiempo es parte indisoluble de la imagen porque ella respeta el movimiento de la vida, al entregarle al viento su ritmo natural. Lo poético se naturaliza, no existe artificios para buscar suscitarlo en el espectador. El cineasta debe ser un observador para trasladar ese fenómeno a la imagen cinematográfica, pero como una continuidad, sin artificios, porque cuando ellos están presentes es notoria la dificultad del paso de la vida al arte, como si algo frenara aquella continuidad, haciendo que el espectador no tenga ninguna experiencia realmente estética y por tanto sagrada con la obra. Respetar la vida es respetar su ritmo, no colocar nada que se interponga a ese ritmo de lo existente. Es en este sentido que sentarse a ver un film de Tarkovsky es un acto de rebeldía frente al tiempo horizontal, frente a la obligación de no perder el tiempo. “El pensamiento calculador corre de una suerte a la siguiente, sin detenerse nunca, ni pararse a meditar.” Estas palabras son de Heidegger y de su texto Serenidad. El pensamiento calculador no tiene preocupación por el sentido de las cosas, no se detiene a meditar, o no detiene al tiempo, transcurre como si el tiempo fuese algo absoluto, no como algo que puede ser espacializado, observado en todas sus dimensiones. El pensamiento calculador está en función de la finalidad trazada con anterioridad, jamás se pierde en sus pensamientos, todo se encuentra delimitado de antemano, el tiempo debe ser bien utilizado para que todo funcione correctamente. Es finalmente una huida del pensar. Para el filósofo alemán el ser humano es “el ser pensante, esto es meditante” Tarkovsky tiene una visión similar del ser humano, como un ser espiritual. Si esta es nuestra naturaleza, el huir del pensar y de cualquier experiencia estética que se relacione con el aspecto sagrado de la existencia, es huir de nosotros mismos, es perdernos en un mundo inhóspito, en un mundo contrario a nuestra propia naturaleza. Para ver algún film de Tarkovsky en primer lugar hay que arrancarse todo ese ruido de una vida contraria a sí misma, todo ese grito y apuro de un tiempo realmente enfermo. El tiempo vertical es una vuelta a nuestro origen, todavía no contaminado por el funcionamiento, porque como diría Heidegger “Todo funciona. Esto es precisamente lo inhóspito.”

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